martes, junio 24, 2008

Prisionera


Que lejos quedan ya aquellos recuerdos juveniles.
Que inocentes me parecen ahora aquellos disgustos, aquellos enfrentamientos, aquella forma de disfrutar del sexo, a veces tan salvaje obedeciendo ese impulso animal que se apodera de los seres jóvenes y apasionados.
Muchas veces me equivoqué y otras me engañaron, he sufrido tanto como también hice sufrir.
Espero ser perdonada tal como yo he perdonado.

Sin embargo con unos cuantos años más, y después de un largo camino de vivencias, he conocido otro amor mucho más perverso que me hace cada día sufrir, del que me gustaría huir, liberarme….y sin embargo no puedo resistirme a su llamada.
Sí….su llamada.

Maldigo el día en que le conocí,
Maldigo su voz que me arrastra a las peores fantasías,
Maldigo lo que hace de mi…
Sin embargo deseo sentirle amenazante, peligroso…poderoso...

viernes, mayo 09, 2008

Venganza



Su actitud chulesca me sacaba de quicio, nunca alguien había conseguido que le odiara con tal fuerza.

Una idea cruzó mi mente con la velocidad de un rayo, no lo pensé, sin darle tiempo de respirar me hice un paso atrás y seguidamente tomando impulso le empuje con la fuerza que da la rabia e impotencia consiguiendo que perdiera el equilibrio y cayera de espaldas al lago.

No medié palabra, seguramente la mirada que le dediqué y el baño que le regalé halaron por mi. Me fui dejándole con una expresión medio estúpida medio furiosa.
No me giré para regocijarme con el espectáculo, pero al pasar a la altura de su moto la volqué.

En ese mismo momento me dí cuenta de la peligrosa situación en la que me había metido, y me fui corriendo hacia la parada de metro más cercana, para perderme entre la multitud que transita por los andenes del metro a esas horas puntas en pleno centro de París.

Al día siguiente salí hacia la casa de campo que tenían mis abuelo en "Auvergne", dejando atrás malos recuerdos y sin sabores.
Cada vaivén del tren me llenaba de confianza y seguridad.

Menudas vacaciones me iba a pegar...

martes, septiembre 11, 2007

¿Porque?



No pronuncie palabra, me levante y me dirigí a la puerta con cierto temblor en las piernas.¿ Que tiene este hombre que me produce tal congoja?
- Por cierto Rubie no tengo esposa, vivo en casa de mis padres.
Esa frase llego a mi como un puñal clavado por la espalda, no me giré, abrí la puerta y salí apresuradamente del despacho.

Está claro que has metido la pata hasta el cuello querida me dije entre dientes. Menos mal que vienen la vacaciones y le vas a perder de vista.

Después de despedirme de mis compañeras hasta el próximo curso, me dirigí hacia el parque Monceau, necesitaba sentarme a solas en un banco y sacar de mi esa rabia y rencor acumulado durante estos día, quería limpiarme por dentro y pensar en nuevas metas, nuevas ilusiones.

El parque estaba precioso en este periodo del año, la hierba de un verde intenso se adornaba coquetamente de unas minúsculas margaritas esparcidas sobre su grandioso manto.

Iban a tocar las seis en el gran reloj del kiosco y las madres ya recogían a sus niños dejando poco a poco aquel gran espacio tan lleno de vida, sumido en el silencio. Albergando ahora a los novios y los amantes en sus más recónditos bancos.
Tomé asiento cerca del lago, cerré los ojos para poder impregnarme del perfume que desprendía la hierba húmeda. Que pájaro sería que cual un tenor llenaba aquel silencio con sus estridentes gorgoritos, callando a los demás que intentaban esbozar unos tímidos trinos a modo de coro.

En medio de ese delicioso concierto, el rugido de una moto que parecía acercarse hizo que saliera de mi pequeño paraíso precipitadamente. Está prohibido entrar cualquier vehículo motorizado al parque. ¿Quien se atreve a tal sacrilegio?

La respuesta no se hizo esperar, una preciosa y reluciente harley apareció en la senda que bordea el lago.
Recorrió insolentemente la escasa distancia que le separaba de mi banco y su motorista se apeo de su montura mecánica justo a mi lado. Estaba claro que venia a mi banco, me levanté para irme, no me apetecia tener compañía, cuando desprendiéndose de su casco reconocí al intruso que me había sacado tan despiadadamente de mis pensamientos.
- ¿Hola Rubie estamos de vacaciones, eh?
Se acerco tanto a mi que me obligó a dar un paso hacia atrás para no quedarme pegada a su cuerpo.
- He pedido el traslado a otro centro, ya no soy tu profesor preciosa, dijo con sorna….

sábado, julio 07, 2007

Acercamiento

No me fue muy difícil averiguar donde vivía, una pequeña casa en Créteil. En el buzón una pequeña placa gravada: Mr et Mme Bruchon.
- Está casado, pensé, se va a enterar el cabrón.
Escribí con la mano izquierda para deformar mi caligrafía, una nota en la que dirigiéndome a Mme Bruchon decia: Su esposo tiene una aventura con una compañera de trabajo. La dejé en el buzón y me fui satisfecha al pensar que mi venganza tan solo estaba empezando.
Apresuré el paso hasta llegar al metro, no quería que me vieran por esos lares.


El curso tocaba a su fin, y con ello los exámenes. El curso no me había ido tal mal me habían quedado dos asignaturas para septiembre. Nos repartieron los librillos con las notas, y al abrir el mío quedé petrificada: la nota que dejé en aquel buzón estaba en medio de mi libro de notas. Levanté la cabeza y noté una sonrisa maliciosa en los labios de Mr Bruchon, mi odiado profesor de educación física.
- Sta Rubie, acérquese por favor.
No quise hacerme notar y accedí a acercarme a el. Me cogio del brazo diciéndome al oído:
- Te conviene venir conmigo a mi despacho sin rechistar.

En esos momentos seguramente hubiera preferido que se abriera un enorme precipicio ante mis pies y caerme en lo más profundo de las entrañas de la tierra, a fin de evitar la terrible humillación de la que suponía, yo iba a ser victima.

-Siéntate, dijo al entrar al despacho. Mientras él tomaba asiento en la silla justo al lado de la mía, cosa que me incomodó todavía más. Me senté como un autómata, de repente me había invadido una especie de cobardía, que no era propia de mi, tenia verdaderamente miedo de lo que podía suceder.

- Rubie, sé que esta nota es tuya, no te he traído aquí para sermonearte ni hacerte ninguna reprimenda, quiero que hablemos como dos adultos. Reconozco haber perdido los nervios el día en que te pegué, lo siento fue una reacción muy desacertada y te pido disculpas. Eres una mujer muy guapa y te puedo asegurar que muy atractiva, pero con el tiempo iras viendo que posees infinidad de valores que te llevaran mucho más lejos que tu belleza. No te contentes en explotar solamente tu físico, tienes una gran inteligencia, cultívala. Mírame Rubie, no quiero que me consideres como alguien que te desprecia, sino como un amigo que quiere ayudarte a encontrar tu camino.

No supe que decir, aquellas palabras me quedaban grandes, entendiendo el significado profundo al que se referían, pero faltándome madurez para poder procesarlas adecuadamente…

martes, junio 19, 2007

Por la boca muere el pez


En mi cabeza brotaban innumerables planes en los cuales derrocaba a mi más temible enemigo, sí claro, este hombre que había osado resistirse a mis encantos, yo que presumía que a mi joven edad tenia tanta experiencia, que conocía tan bien las debilidades del sexo masculino y que por tanto era capaz de seducir a quien se me antojara. Pero lo que más lastimó mi ego fue que me tratara como a una mocosa, que me diera un bofetón como si yo fuera una niña chica.
No cabe duda que aquel acontecimiento me marco para el resto de mi vida, y fue el que desencadenó toda una serie de reacciones futuras.
Mi vida había sido la de un pequeño animal consentido, al que no le falta de nada pero sin embargo falto de todo, entre otras cosas un patrón de conducta al que hacer referencia.
Mis padres, siempre muy ocupados en su negocio hostelero compensaban su ausencia con la aceptación de cualquier de mis capricho. Cuando a temprana edad fallecieron en un accidente de tráfico, mis abuelos compungidos por mi desdicha siguieron malcriándome para compensar mi perdida.
Con dieciocho años recién cumplidos, era una mujer con gran belleza física, con un carácter firme, egoísta y déspota, calculando los detalles los más insignificantes para destacar y brillar en cualquier situación.
Por lo que se entiende que aquella ofensa no podía quedar así.

Al día siguiente, me volvió a llamar a su despacho al cual no quise acudir…

jueves, mayo 31, 2007

Indignada

- Una…dos…tres…abajo sin tocar el suelo y subiendo…una dos tres…y bajando…
Reclinado sobre sus antebrazos subía y bajaba sus piernas estiradas en tres tiempos. Parecía no cansarse pero la mancha de sudor que empapaba la parte trasera de su camiseta delataba su esfuerzo.
Dispuesto perpendicularmente a nosotras para que pudiéramos apreciar la perfección de su ejercicio, nos observaba meticulosamente para asegurarse que trabajáramos bien nuestros abdominales.
- ¡Que paquete tiene el cabrón! me dijo Maude entre diente
- ¡La tiene grande, normal que ocupe sitio!
- Jajajajaja….ni que se la hubieras visto!
- ¡Podría ser!
- Maude, Rubie, 10 más por cuchichear.
- ¡Será cabrón!
- ¡Rubie, cuando termine la clase te pasas por el despacho!... ¡¡Insolente!!
Se pensará que le tengo miedo, el capullo este, iba yo rumiando mientras machacaba mis músculos con los ejercicios que nos había añadido a Maude y a mi.
- ¡Que tío más estúpido! dijo Maude en los vestuarios mientras nos duchábamos.
- Sí, asentí con la cabeza.
Como previsto, me dirigí a su despacho, con la firme intención de vengarme. Y para ello me había trazado mentalmente un plan que seguro no me fallaría.
- Pasa! Dijo desde su mesa sin apenas levantar la cabeza.
Tuve que esperar de pie frente a él, a que terminara una carta que estaba escribiendo y que se dignara a levantar la cabeza para hablarme.
Cuando por fin me miró, ante mi actitud desafiante y mi mirada directa e provocadora endureció el gesto de su cara para decirme amenazante:
- Rubie, me imagino que serás bastante inteligente como para rectificar tu actitud, de lo contrario me veré obligado a informar tu tutor de tu conducta.
Mientras me estaba hablando, segura de mi fui levantando mi cortísima falda, hasta que se pudo ver mi sexo carente de ropa interior.
Fue la gota que colmó el vaso, se precipito sobre mi y cogiéndome del brazo me dio un enorme bofetón dejándome marcados sus dedos sobre la mejilla.
- ¡Ahora vas y cuentas a todos porque llevas mis dedos marcados en la cara!

Enfurecida, salí del despacho jurando que esto no iba a quedar así…